El docente del siglo XXI tiene que tener presente los tres mundos en que se desarrolla su vida. El mundo personal (familia- amistades), el mundo cultural (todo lo hecho por la humanidad incluido educación, político y tecnológico) y la naturaleza.
El ser humano debe buscar y desarrollar su integridad, como un derecho a ser y sentirse feliz. Esto significa esfuerzos extraordinarios y cotidianos a favor de:
SU SALUD FÍSICA: el deporte, buena alimentación, encuentro con la naturaleza.
SU SALUD EMOCIONAL: expresión y vivencia de emociones y sentimientos, aprender a resolver sus conflictos personales e interpersonales con libertad, alegría y responsabilidad. Sentirse feliz de estar vivo, con un auto estima alta y capaz de hacerlo esforzarse por sus metas y objetivos.
SU CAPACIDAD DE RELACIONES SOCIALES PLENAS: desarrollo de auténticas, libres y armónicas relaciones con sus distintos entornos.
Sentido de compromiso y actuación política y ciudadana a favor de sus ideales y de aquello que contribuya al desarrollo de su comunidad, país y mundo.
Cuando un docente alcanza su integridad y su sentido de vida en el siglo XXI, aumenta su posibilidad de poder influir en las demás, de impactar en las estructuras, de contribuir a transformar las maneras de sentir, pensar y actuar, no sólo de los alumnos y alumnas, sino de las comunidades y de las sociedades en general.
En base a este tema responda interiormente estas cuestiones:

1. ¿Hemos realizado suficientes esfuerzo y acciones a favor de nuestros desarrollo integral?
2. ¿Cómo podría hacerse para que las y los docentes vivieran su labor con afectividad hacia sí mismos, sus colegas y sus estudiantes?
Qué interesante. No olvidarnos que somos seres integrales. Excelente felicitaciones
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